Caldo de cultivo

Decir que no corren buenos tiempos no resulta precisamente original. Desgraciadamente, tampoco resultan originales las portadas de los medios de comunicación cuando nos abofetean con el enésimo escándalo, o nos anuncia la cuadragésima medida que tiene como fin salir de la maldita crisis a costa de acabar con los derechos sociales o incluso la dignidad de los ciudadanos. A mi ya no me preocupa tanto los mil y un insultos que semanalmente recibimos los ciudadanos de boca y acción de esos falsos líderes que nos representan. Lo que me empieza a preocupar, y de verdad, es el sentimiento de resignación y desilusión que esta empezando asentarse en la sociedad.

Hoy es difícil dar con alguien que pueda decir sin titubeara que confía en nuestro sistema de Justicia, nuestros políticos o, incluso, en la dirección que toma nuestra monarquía. La sensación de que “todo huele a podrido” empieza a ser casi generalizada. Leer un periódico o echar un vistazo a cualquier telediario supone acabar con un fastidioso sentimiento de desesperación. Como ciudadano, acongoja abrir los ojos y ser testigo de la tragedia de millones de personas que se encuentran acechadas por el drama del paro, los desahucios o la incompetencia de un sistema que permite que cualquier necio pueda enriquecerse a costa del empobrecimiento de millones de personas, las cuales tan sólo han cometido el delito de no conocer al portero del señor “X” o no tener un primo que trabaje con el señor ”Y”, garantías más que suficientes en este país para se le conceda un favor, bien en forma de sobre o de enchufe de por vida con nómina blindada.

Esto que esta pasando hoy en España supone el caldo de cultivo perfecto para que cualquier día alguien decida aprovecharse de ese sentimiento que inunda a la sociedad. La historia nos ha enseñado como determinados escenarios resultan proclives para el desarrollo de según que ideas. Alguien tiene que abrir los ojos y darse cuenta de lo peligroso que puede ser que una sociedad pierda sus referentes o que los valores sobre los que se construye un sistema democrático dejen de tener sentido. Nadie parece querer darse cuenta de ello, ni tampoco aceptar su parte de responsabilidad. Ningunear al ciudadano, hacer uso de las herramientas democráticas de forma antidemocrática, quebrar la confianza en el sistema legal por un uso politizado del mismo o dejar de responder a las necesidades reales de los ciudadanos, son situaciones que ya se han dado a lo largo de la historia y de las cuales, también sabemos como terminaron resolviéndose.

Autopsia psicológica forense

La autopsia psicológica es una técnica desarrollada en 1958 por el médico forense Dr. Curphey y los psicólogos Farberow y Shneidman, integrantes todos del Centro de Prevención del Suicidio de Los Ángeles (California). El nombre de autopsia psicológica viene de las sesiones conjuntas que el equipo forense mantenía y donde a través de la revisión y comparación de datos terminaban esclareciendo tanto el modo de la muerte como las circunstancias psicológicas que se producían en el finado.

En sus inicios el objetivo era la prevención inmediata y a largo plazo del suicidio, pero con el paso de los años se ha desarrollado esta técnica dándole una utilidad extraordinaria en el análisis casuístico de circunstancias sociales y psicológicas asociadas a determinados comportamientos, tanto delictivos como personales.

El fin de la técnica es la reconstrucción de un estado psicológico determinado en un momento puntual, para ello se precisa de una exhaustiva recogida de datos que respondan al:

  • ¿Por qué de la conducta?: Reconstrucción de las motivaciones, filosofía, psicodinámica y crisis existenciales de la persona.
  • ¿Por qué en ese momento particular?: Razones socio-psicopatológicas que ayuden aclarar las razones del comportamiento. 
  • ¿Cuál es el modo de conducta más probable en esas circunstancias?: En que grado o con que exactitud podemos predecir la conducta en base al estado psicológico, social y coyuntural de la persona.

 

Normalmente acudimos a esta técnica por dos circunstancias, o bien por no tener acceso a la persona a evaluar, entiéndase fallecimiento o estado psicológico, o bien por un beneficio secundario de la persona para ocultar información, como pudiera producirse en las evaluaciones periciales. En ambos casos la fiabilidad del dictamen viene determinada por la exactitud de la reconstrucción de los detalles de la historia personal a través de datos psiquiátricos y psicológicos; verbalizaciones o ideas arraigadas que ayuden a describir la personalidad y estilo de vida, con especial hincapié en los periodos de desequilibrio de la persona y su patrón de reacción al estrés; indagaciones sobre la naturaleza de las relaciones interpersonales; sueños; miedos; cambios recientes en su vida; abuso o consumo de alcohol o drogas y cualquier otro aspecto que informe del comportamiento, ética o proceder histórico de la persona sin importar en que grado destaque. 

No obstante debemos prestar especial atención a diversos detalles metodológicos claves que pueden influir de forma concluyente en la veracidad del trabajo como son la elección de las fuentes de información, el efecto del intervalo de tiempo transcurrido entre la conducta o hecho y la calidad del recuerdo de las personas entrevistadas, la integración de distintas fuentes de datos y, sobre todo, la vinculación existente entre los informantes, dado que aquellas personas que pueden ofrecernos mas referencias suelen ser las mas próximas al evaluado como el cónyuge o pareja, parientes de primer grado o amigos personales.

El correcto montaje y composición de todos los antecedentes y líneas de investigación abarcadas, especialmente aquellos datos obtenidos de fuentes secundarias, como pudieran ser toda información transcrita e histórica tipo informes médicos o personales que en su momento fueron elaborados sin sospecha del fin último, implica un análisis y un grado de conocimiento predictivo del comportamiento de la persona, en ocasiones, mayor del que podemos obtener de forma clínica y cuyo nivel de exactitud llega a tener una extrapolación empírica y científica fuera de cualquier cuestionamiento metodológico. 

 

Análisis de la credibilidad de testimonio en procesos judiciales (I)

En el área clínica de nuestra ciencia trabajamos con las emociones y las experiencias derivadas de esas emociones, pero cuando actuamos en el ámbito judicial, en muchas ocasiones se nos exige precisar sobre la veracidad de unos hechos narrados al margen de la experiencia emocional, y a fecha de hoy, y a pesar de que actualmente se encuentran abiertas múltiples líneas de investigación de cara a poder determinar de manera fiable la veracidad de un testimonio, lo cierto es que todavía pasarán muchos años hasta que se logre algo así que podamos denominar como “la máquina de la verdad”. 

Existen múltiples fenómenos que pueden distorsionar el recuerdo de la realidad, la experiencia traumática no se encuentra libre de emociones asociadas y estas impregnan y moldean el recuerdo hasta el límite de la ficción, véase por ejemplo las experiencias por sugestión cómo los relatos de catástrofes en masa donde la amplia mayoría de los afectados tiende de forma espontánea a consolidar recuerdos que posiblemente no pertenecen a la experiencia personal de cada individuo pero que los adoptan como propios, es lo que se conoce como falsas memorias, ó como en los procesos de duelo mal elaborados, donde la persona principalmente afectada puede tener auténticas experiencias de contacto o cotidianidad con la persona fallecida, fenómenos que por otra parte pertenecen a lo que podemos considerar cómo normal dentro de episodios de shock o estrés agudo. Vivencias como las descritas son relativamente fáciles de reconocer y explicar, lo realmente complicado es cuando debemos determinar la credibilidad de un testimonio prestado asumiendo la trascendencia de las cuestiones que se dirimen en salas y tribunales. 

En el caso de testimonios de menores hasta los 11/12 años contamos con un protocolo de análisis del contenido del testimonio que normalmente suele ser aplicado en el caso de delitos por agresión sexual (CBCA “Análisis del Contenido Basado en Criterios”) y que nos permite llegar a una determinada probabilidad en cuanto a la veracidad del relato prestado. Dicho protocolo es actualmente el que mas garantiza la minimización de errores en nuestro dictamen, y esto es así en base a las numerosas investigaciones empíricas que desde 1967 se están llevando a cabo en el análisis de este método y que fundamentalmente se basan en el contenido y criterios de un relato en base al desarrollo evolutivo del menor. La aplicación de este método precisa de una meticulosidad extraordinaria tanto en las condiciones que se da el relato cómo a la hora de efectuar el análisis del mismo, y aún así y dándose las mejores condiciones, la credibilidad determinada en el testimonio no debiera ser suficiente para determinar un veredicto sin la aportación de otros datos o secuelas que lo apoyen, que en el supuesto de abuso o maltrato son perfectamente posibles de objetivizar.

El principal problema lo encontramos al determinar la veracidad de un testimonio en adultos dado que, por una cuestión evolutiva, el protocolo comentado resulta excesivamente vago y toda la base teórica sobre la que se sustenta pierde su consistencia multiplicándose la complejidad de las variables en juego. En función de los estudios elaborados sobre el protocolo CBCA se encuentra otra línea de investigación denominada el método de las hipótesis, refrendado en una sentencia dictada en la Republica Federal Alemana en 1999 por el Bundesgerichtshot (Tribunal Federal Supremo) que determinó en una sentencia guía que este procedimiento estaba fundamentado científicamente en el caso de testimonios de adultos.

El método de las hipótesis trabaja partiendo de tres hipótesis de no verdad (incapacidad, sugestión y engaño) y tan sólo una de verdad, dos de esas hipótesis de no verdad, sugestión e incapacidad, podemos controlarlas y descartarlas en base al amplio bagaje de herramientas con las que contamos, en cambio la mayor dificultad, y la que en más ocasiones se repite, es la de dirimir entre la verdad y el engaño

 

 

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