El acoso psicológico en el trabajo y sus secuelas.

El mobbing, palabra anglosajona que se adopta para definir una situación de acoso laboral, es el proceso de hostigar, atormentar ó aterrorizar psicológicamente a otros en el desarrollo de su trabajo, es un proceso sistemático de estigmatización y privación de los derechos civiles que termina por repercutir en un daño psicológico en la víctima que, en casos extremos, pudiera incapacitar a la persona para encontrar un nuevo empleo. El acoso psicológico laboral es uno de los problemas a nivel forense que más interés y discusiones esta despertando en los últimos tiempos, y que en algunos países de la Unión Europea ya constituye un delito desarrollándose legislación al respecto. 

El acoso laboral es siempre un abuso de autoridad que persigue en última instancia la autoexclusión o abandono del puesto de trabajo por parte de la víctima tras haber sido arrinconada e inutilizada. Es una práctica que se realiza de un modo cuidadoso y sofisticado procurando no dejar pruebas tangibles y en la que raramente se producen agresiones físicas. La naturaleza cínica y sutil de estas conductas hace que resulte difícil detectar el cuando comienzan y por qué, si bien, se pueden encontrar ciertas señales de alarma que indiquen la presencia o comienzo del fenómeno, como por ejemplo: el aislamiento social de la víctima, alianzas jerárquicas contra una persona concreta, cambios significativos sin preparación de los empleados, individuos que son considerados como una diana o como causa de todos los problemas de la organización. Normalmente la conducta de hostigamiento hacia la víctima cuenta con el apoyo en silencio o la complicidad de los compañeros de ésta, si bien no cuesta imaginar los motivos que les inducen a estas conductas pasivas, es precisamente esta “conspiración del silencio” entre los compañeros lo que multiplica el efecto estigmatizador de las secuelas en la víctima.

Psicológicamente se manifiesta como una forma de estrés incontrolado como consecuencia de una situación de indefensión ante aspectos del ejercicio profesional, la propia identidad y el trastorno de la propia imagen social y profesional. Como todas las formas de acoso ó maltrato psicológico termina suponiendo un severo estresor que afecta seriamente al funcionamiento de aquellos que lo padecen pudiendo llegar a transformar a la persona que lo sufre hasta el punto en el que ésta deja de reconocerse. Sus efectos se manifiestan en forma de irritabilidad, alteraciones del sueño, sentimientos de inutilidad ó culpa excesivos, dificultad para concentrarse, tensión muscular ó apatía, entre otros síntomas, que no hacen más que dar forma a un cuadro anímico fundamentalmente depresivo y/o ansioso. Un estudio de la Universidad Autónoma de Madrid fechado en febrero del año 2006, relacionaba los efectos emocionales y psicológicos producidos por el acoso laboral con la posibilidad de desarrollar un cuadro de trastorno por estrés postraumático.

Afortunadamente cada vez son más las personas que se atreven a denunciar este tipo de maltrato, no obstante, son más los que, aún siendo víctimas de acoso en el trabajo, todavía desconocen las graves consecuencias psíquicas y emocionales que en forma de daño puede llegarles a ocasionar y las repercusiones personales y sociales a las que se exponen. El miedo a la pérdida de un empleo, en una sociedad en la que tan difícil resulta adquirir la estabilidad laboral, y las repercusiones que pueden derivarse de esa pérdida del puesto de trabajo, es en ocasiones el principal argumento para no denunciar este tipo de actos, no obstante, como todos los actos que cometemos contra nuestra salud, es posible que el hecho de aguantar una situación de acoso sistemático termine por cobrarse un peaje excesivamente costoso. 

 

Síndrome de Alineación Parental: la judicialización de los hijos en los procesos de divorcio.

En 1992 el Doctor Richard Gardner publicó un estudio acerca de lo que reconocía como una nueva variante en los procesos de litigio matrimonial, aquella en la que de una forma solapada, sutil y perversa uno de los cónyuges instrumentaliza a los hijos de la pareja contra el otro progenitor con el único objetivo de desvincularles afectivamente del otro. A los terribles efectos emocionales que sobre los hijos se producía por este tipo de comportamiento es a lo que el Doctor Gardner acuñó con el nombre de Síndrome de Alienación Parental.

Este tipo de actuaciones psicopatológicas es habitual en los procesos de divorcio o separación en la que los padres entablan una intensa lucha por obtener la custodia de los hijos y también en las disputas respecto a las visitas y aspectos relacionados con el litigio en general, pero, ¿que diferencia existe entre los efectos emocionales observados en los hijos por una conflictiva relación parental y los efectos de una alienación manipulativa?

Es en los últimos años cuando estamos asistiendo a un boom de acusaciones e intentos groseros de demostrar la aparición de un Síndrome de Alienación Parental y somos, quizás, los profesionales forenses los que de alguna manera hemos fomentado este fenómeno, entre otras cosas por una falta de rigor, más o menos interesado, a la hora de discernir y separar los efectos psicopatológicos normales en niños ante una situación de separación de aquellos que sobrepasan el umbral de lo esperable.

Por la malvada sutileza del proceso, la detección del Síndrome de Alienación Parental no resulta fácil, más aún, si nos preocupamos de diferenciar dicho síndrome de una errática e irresponsable conducta parental sin intención manipulativa, no obstante, a través de diversos estudios y publicaciones echas a raíz de los estudios del Doctor Gardner, se reconocen una serie de criterios que pueden advertirnos de la posibilidad de una conducta alienadora, si bien, dichos criterios todavía no han sido reconocidos por la Organización Mundial de la Salud ni por la Asociación Americana de Psiquiatría, órganos por los que debemos de regirnos todos los profesionales forenses para el reconocimiento y diagnóstico de patologías.

La manipulación intencionada que uno de los progenitores pueda estar ejerciendo sobre los hijos no es ni más ni menos que un rasgo característico del comportamiento de esta persona, y del mismo modo que podemos evaluar y detectar otros tipos de conductas y variables que intervienen a la hora de motivar la causalidad de un determinado hecho, también podemos volcar nuestros esfuerzos en el estudio exhaustivo de la persona para discernir una conducta más o menos irresponsable, que incluso podemos catalogar de previsible y normal bajo determinadas circunstancias, de una conducta alienadora.

El daño emocional que sobre los hijos puede suponer la manipulación de estos, no es en muchos casos distinto del daño que supone la ruptura del núcleo familiar, y ahí no tenemos ninguna responsabilidad cualquiera de los distintos profesionales que podemos intervenir en una situación de litigio, pero si que es nuestra responsabilidad el daño irreparable e imprudente que podemos provocar a través de una mala evaluación y de una incorrecta acusación, y que quizás deberíamos de acuñar con un nuevo término, el del Síndrome de Alienación Judicial. 

 

Análisis de la credibilidad de testimonio en procesos judiciales (I)

En el área clínica de nuestra ciencia trabajamos con las emociones y las experiencias derivadas de esas emociones, pero cuando actuamos en el ámbito judicial en muchas ocasiones se nos exige precisar sobre la veracidad de unos hechos narrados al margen de la experiencia emocional, y a fecha de hoy, y a pesar de que actualmente se encuentran abiertas múltiples líneas de investigación de cara a poder determinar de manera fiable la veracidad de un testimonio, lo cierto es que todavía pasarán muchos años hasta que logremos crear una herramienta en la que podamos confiar como si se tratase de una auténtica “máquina de la verdad”.

Existen múltiples fenómenos que pueden distorsionar el recuerdo de la realidad, la experiencia traumática no se encuentra libre de emociones asociadas y estas impregnan y moldean el recuerdo hasta el límite de la ficción, véase por ejemplo las experiencias por sugestión cómo los relatos de catástrofes en masa donde la amplia mayoría de los afectados tiende de forma espontánea a consolidar recuerdos que posiblemente no pertenecen a la experiencia personal de cada individuo pero que los adoptan como propios, es lo que se conoce como falsas memorias, fenómeno que por otra parte pertenece a lo que podemos considerar cómo normal dentro de episodios de shock o estrés agudo. 

Vivencias como las descritas son relativamente fáciles de reconocer y explicar, lo realmente complicado se encuentra cuando debemos determinar la veracidad de un testimonio prestado asumiendo la trascendencia de las cuestiones que se dirimen en salas y tribunales. En el caso de testimonios de menores hasta los 11/12 años contamos con un protocolo de análisis del contenido del testimonio que normalmente suele ser aplicado en el caso de delitos por agresión sexual (CBCA “Análisis del Contenido Basado en Criterios”) y que nos permite llegar a una determinada probabilidad de credibilidad del relato prestado. Dicho protocolo es actualmente el que mas garantiza la minimización de errores en nuestro dictamen, y esto es así en base a las numerosas investigaciones empíricas que desde 1967 se están llevando a cabo en el análisis de este método y que fundamentalmente se basan en el contenido y criterios de un relato en base al desarrollo evolutivo del menor. La aplicación de este método precisa de una meticulosidad extraordinaria tanto en las condiciones que se da el relato cómo a la hora de efectuar el análisis del mismo, y aún así y dándose las mejores condiciones, la credibilidad determinada en el testimonio no debiera ser suficiente para determinar un veredicto sin la aportación de otros datos o secuelas que lo apoyen, que en el supuesto de agresión sexual son perfectamente posibles de objetivizar.

El principal problema lo encontramos al determinar la veracidad de un testimonio en adultos dado que, por una cuestión evolutiva, el protocolo comentado resulta excesivamente vago y toda la base teórica sobre la que se sustenta pierde su consistencia multiplicándose la complejidad de las variables en juego. En función de los estudios elaborados sobre el protocolo CBCA se encuentra otra línea de investigación denominada el método de las hipótesis, la aplicación de dicho método fue refrendada en una sentencia dictada en la Republica Federal Alemana en 1999 por el Bundesgerichtshot (Tribunal Federal Supremo) que determinó en una sentencia guía que este procedimiento estaba fundamentado científicamente en el caso de testimonios de adultos. No obstante, la credibilidad de un testimonio ponderada a través del análisis del método de las hipótesis puede tener una validez similar a la que podemos alcanzar a través de otros procedimientos que pudieran ser menos trabajosos e igualmente objetivos y de los cuales hablaremos en otro espacio de este mismo foro.

 

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